Dígame -Le preguntó el psicólogo- ¿Cuándo se dio cuenta que no sabia amar?
Pues mire –contestó el hombre- cuando era joven tuve una novia que me quería mucho y siempre me decía que nadie me podía querer como ella, un día tuvimos un pleito enorme porque yo siempre llegaba tarde a verla, acordamos vernos siempre a las cuatro de la tarde pero yo llegaba entre una o dos horas tarde, entonces decidió terminar conmigo y sus palabras fueron estas: “Si me amaras en verdad llegarías temprano, no sabes amar”
Muy bien -exclamó el psicólogo- Continúe.
Bueno -siguió el hombre- Años mas tarde decidí apegarme a la religión y entre a una congregación, todo marchaba muy bien hasta que un día el reverendo me pidió que me quedara una vez terminado el servicio religioso, y así lo hice, entonces el reverendo me dijo en un tono muy agresivo: No puedes seguir llegando tarde, bien sabes que la entrada es a las cuatro de la tarde no a las seis, si amaras a Dios no llegarías tarde ¡Vete y no vuelvas!
Claro –Decía el psicólogo mientras anotaba en una libreta- pero no se detenga, siga por favor.
Está bien –Continuó el hombre- hace unos meses me despidieron del lugar donde trabajaba, me citaron al final del día y muy amablemente me dijeron: Cuando usted entró a esta empresa se le dieron los términos del contrato, en ellos se decía que tenía derecho a tres faltas justificadas, usted lleva tres días trabajando y los tres ha llegado tarde; esta es una empresa en la que queremos a personas que amen su trabajo, así que tome sus cosas y retirase.
Muy bien –se levanto el psicólogo- y dígame ¿Por qué siempre llega tarde?
Bueno –dijo el hombre- tengo una hermanita diez años menor que yo, no se puede valer por si sola pues tiene una enfermedad que le impide hacer muchas cosas y dado que nuestros padres murieron cuando yo era joven debo cuidar de ella.
Claro -dijo el psicólogo- por eso llega tarde.
Pues sí, lo que pasa es que nuestros padres solían leerle todas las tardes hasta que se quedara dormida, pero con sus muertes ahora yo me hago cargo de estar con ella y leerle ese libro una y otra vez cada tarde hasta que cierra sus ojitos para dormir.
2 comentarios:
Pero qué culos de final es ése, no me jodas las pelotas. Me atrapó, es más, lo imaginaba y de repente, pum, a la mierda. es broma, me gustó. Recuérdame discutir el final, porque da para debatir sobre la delgada línea que hay entre amor y compasión.
claro! hablemos de la compasión, del amor no, eso está ya muy gastado.
jajajaja
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