jueves, 21 de enero de 2010

No podía dejar de mirar

En su delirio creía ver desvanecerse de la navaja el filo -como la cera se derrite con el calor de la llama- mientras ésta acariciaba el cuello de su amada, pero no podía hacer nada y las risas y burlas lo desquiciaban, tenia miedo de lo que veía y terror de pensar el inevitable futuro al que se enfrentaría. La misma navaja que chorreaba la rojiza sangre de su querida compañera le daría el final más cruel que pudiera existir.

Pero no podía dejar de mirar y la escena se repetía vez tras vez como si nunca fuera a terminar su martirio, una cadena de eventos interminables: la navaja en su cuello, el filo brillante, la sangre corriendo por el metal destellante y otra vez la navaja en el cuello. Pero no podía dejar de mirar, la expresión que ella tenía en el rostro era de un temor tan agobiante, de una necesidad alterada de dejar de sentir; ese sentimiento, ese rostro le enchinó la piel. Y con un lento y doloroso quejido ella dejo de existir y con ese doloroso y terrorífico quejido él quitó la navaja del cuello de su amada y limpio la rojiza sangre del metal brillante.

2 comentarios:

Balam Wong dijo...

Finísimo. Excelso.

Lalo dijo...

Gracias que bueno que te gustó
:)