jueves, 18 de junio de 2009

El próximo martes

Y no dejaba de caminar algo me decía que si me detenía podía perder la vida.

En verdad no creo que me desconcertara lo que dijo o lo que hizo más me molestaba lo que no hacia porque ¿Qué no le importa nada en verdad?

Sentía como las miradas de todos en la calle estaban sobre mí pero a la vez no me importaba, era tal el conflicto interno que no puse atención mientras caminaba bajo la lluvia, no me importaba que mis lentes y mi cabello escurrieran o que los libros que traía bajo el brazo estuvieran completamente hechos sopa, necesitaba pensar lo que estaba pasando.

En definitiva no me podía detener, tenia miedo de quedarme ahí sin hacer algo pero al final eso sucedió, me di cuenta de la lluvia en mi rostro, de las miradas de la gente, de los libros mojados y de mi total incomprensión, en ese momento la lluvia se detuvo pero mi rostro seguía mojado por las lagrimas que no dejaban de rodar una tras otra, las miradas se fueron pero los ojos de mi alma se cerraban en un gesto de desprecio, los libros se deshicieron como mis esperanzas y me quedé ahí… olvidado.

Poco a poco la vida comenzó a tornarse igual que siempre, mucha gente pasando y hablando, gritos y risas; pero yo seguía ahí sin saber a donde ir, en verdad mi vida se había terminado pero podía iniciar una nueva, así, mojado y tímido, recogiendo pedazos mojados de mi vida para pagar mis culpas y encontrar nuevos dioses.

Al final llegue a casa y sabia que ya no me volvería a detener quizás solamente hasta el próximo martes.

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